¡Re-conecta ahora!


 ¿Desde que eres mamá te persigue la culpa? 
¿Sientes que no consigues llevar las riendas de tus emociones? 
¿Tienes la sensación de que no conectas con tus hijos?
¿Te parece que al conectar con ellos te olvidas de ti misma?
¿Quieres volver a recuperar ese equilibrio en el que todos ganáis?





Entonces estás en el sitio correcto

Soy mamá desde hace cuatro años y medio y como siempre digo:
"Nunca hice un viaje espiritual más intenso que éste".

La maternidad me puso del revés, me hizo tambalear e incluso tumbar muchas de mis creencias. Mis gustos literarios han cambiado totalmente. Donde antes había novelas ahora dan vueltas, por toda la casa, libros de psicología infantil, libros escritos por madres y sus experiencias, libros de ginecólogas, de obstetras, psiquiatras que me han inspirado y guiado desde el principio. Pero también leer y seguir a grandes mujeres en la red o formarme con ellas ha sido fundamental. Un gran número de profesionales que se han valido de sus conocimientos y su propia experiencia como madres para desarrollar una metodología siempre basada en el amor y la escucha activa. Es leyendo de forma ávida, pero sobre todo viviendo mi maternidad en el marco de nuestra propia historia (la de mi hija y la mía) no exenta de cambios muy intensos, que he ido ocupando mi cuerpo. Siempre digo que la maternidad me hizo bajar a él y será por eso que empecé a leer a autoras que hablan sobre cicliciad femenina. Así acabé haciendo cursos y formándome en el funcionamiento del cuerpo femenino antes y después de ser madres. Con todo lo que he leído y aprendido desde fuera y lo que he aprendido dentro de mi cuerpo y de mi propia experiencia como madre he confeccionado este programa:






Reconéctate a tus hij@s


Este curso es para ti si eres mamá o estás embarazada y:
  • Tienes la sensación de estar siempre cansada.
  • Sientes que no consigues llegar a todo.
  • Necesitas más horas en tu día.
  • Te sientes sola en tu maternidad. 
  • Tienes falta de apoyo de tu entorno.
  • Sientes que no sabes gestionar los conflictos con tus hijos.
  • Estás embarazada de tu primer hijo y quieres sentirte preparada para lo que viene.
  • Estás embarazada y ya tienes hijos y quieres aprender a organizarte mejor.
  • Sientes que no llegas a las necesidades de tus hijos al cien por cien.
  • Te sientes culpable porque no consigues darle a tus hijos lo que necesitan.
  • Notas que te estás descuidando, que te olvidas de ti misma.
¿Cuál será el destino al que llegarás?

1) Aprenderás a sacar el mejor partido de cada momento fisiológico en el que te encuentres.
2) Tendrás las herramientas para entender mejor las necesidades de tus hij@s
3) Aprenderás a leerte a ti misma. A conocerte mejor y a aumentar tu autoestima.
4) Te liberarás de la culpa destructiva.
5) Sabrás gestionar mejor los conflictos con los más pequeños
6) Tendrás las herramientas para reducir los conflictos en casa.
7) Crearás un ambiente familiar de Ganar-Ganar, en los que ningún miembro de la familia se sentirá olvidado.
8) Tendrás un rol principal en la crianza y educación de tus hijos.
9) Sentirás equilibrio y abundancia en tu día a día.

  BLOQUES:

1. Las malas madres no existen. En el que hablaremos sobre las expectativas de las madres antes de serlo, la realidad tras convertirnos en ello. Sobre la guerra de las madres y sobre la ciclicidad de mamá.

2. Todos los niños somos buenos. En el que trataremos las necesidades más importantes de los bebés y niños pequeños. Aprenderemos a formular enunciados respetuosos para con nuestros hijos. Y a usar recursos para reducir los conflictos.

3. Lo que los demás piensen de mí o de mi maternidad no es asunto mío. Sabemos que la presión exterior puede llegar a tener bastante peso en nuestras decisiones. Aprenderemos a gestionar nuestra maternidad de forma asertiva y empoderada para que no sintamos que perdemos el control de lo que nos corresponde a nosotras.


DURACIÓN Y FORMATO DEL CURSO:

El curso tiene una duración de dos meses. Desde el 24 de abril hasta el 24 de junio. (Que termine el 24 de junio es simbólico. Tras el solsticio de verano dejaremos nuestro viejo yo y entraremos en la estación del verano, que es la más maternal, como veremos en el curso, recargadas de energía y llenas de empatía).

Una vez cada dos semanas te llegará un PDF a tu e-mail. Tendrás dos semanas para leerlo y trabajarlo. Para reflexionar. 

Cuando pasen las seis primeras semanas entraremos en la parte práctica. Antes haremos también pequeños ejercicios.

Nos encontraremos en un grupo cerrado de Facebook y un grupo en whatsapp abierto las 24 horas durante los dos meses que durará el curso para sentirnos acompañadas en todo momento en este viaje.

Además de esto tendremos tres reuniones en una plataforma on line. 

Testimonios de alumnas en mi curso anterior Reconecta con tu cuerpo. Conecta con el mundo:

"Para mí ha sido un curso lleno de cosas super importantes como es el propio reconocimiento del cuerpo, desde que empecé a hacer el curso algo cambió en mí. Llevo dos meses sin dolor menstrual cuando siempre me había dolido mucho, pero ahora conecto con mi útero, mis ovarios y no los rechazo sino que conecto con ellos. También me he dado cuenta de muchas cosas como mujer que antes no valoraba, me he vuelto feminista cuando antes he sido muy tonta y permitía cosas que son machistas, en definitiva me ha cambiado muchísimo a mucho mejor. Ahora me quiero como soy, quiero mi cuerpo, mi menstruación y toda la feminidad en completo. Gracias Ana, de verdad sabía que iba a ser increíble y lo confirmo." Jenifer


"El curso ha llegado en un momento crucial en mi vida, aprendí a no martirizarme tanto por cosas que no puedo cambiar y a sentirme poderosa a más no poder y a ser capaz de defenderlo ante cualquiera. Enriquecedor, sin duda..." Bella



"Ana transmite una super energía positiva. Sus palabras, en los módulos, te abren a un mundo nuevo. Yo soy más consciente de mi ciclicidad y de mi influencia lunar. Vivo mejor mis 4 fases y me he ¡Descubierto a mí misma! ¡Todo gracias a ella! ¡Un curso que aconsejo a todas! Como dice una de mis frases favoritas del mismo: "Yo, siempre, a salvo" 😉 Federica 



"Este curso no podía tener un nombre más acertado, RECONECTA.
Realizarlo me ha ayudado a parar, ser más consciente y desconectar del piloto automático en el que funcionaba. Reconciliarme con mi menstruación, amarme tal y como soy, empoderándome. 
Ana es un amor, está lejos pero parece que esté aquí cerquita mía, además la conexión que se ha creado en el grupo ha sido especial, mujeres compartiendo dudas, preocupaciones, experiencias, dándonos comprensión y apoyo mutuo.
Estoy muy contenta de haber aprovechado esta oportunidad." Gloria

 "Este curso me ha acompañado en momento de cambio y punto de inflexión en mi vida, mi maternidad y mi feminidad. Además te acerca a mujeres que aún con vidas y situaciones distintas sienten lo mismo que tú. La sensación que me ha dejado es la de pertenencia al grupo pero a través de un trabajo interior. Reconecta y empodera." Victoria

"Sobre Reconecta y haber conocido a la maravillosa mujer Ana Gálvez, puedo contaros que me llevo un grupo de mujeres que aunque no conozco personalmente nos apoyamos y compartimos valiosísima información. Gracias a este grupo me he empoderado y he aprendido a rebelarme contra los ataques que sufrimos como género.
He vislumbrado mi camino y este se andará entre mujeres, he aprendido, o estoy en el camino, a no juzgarnos, y ahora siento que todas las mujeres nos encontramos unidas por hilos invisibles y no dudaré en ofrecer mi apoyo a cualquier mujer que necesite mi ayuda.
Entre todas conseguiremos un mundo mejor. Gracias por todo." Lubna





EMPEZAMOS EL 24 DE ABRIL





INVERSIÓN 150€ 



O 2 CUOTAS DE 79€






PERO LLÉVATELO AHORA POR TAN SÓLO

 90€ (SÓLO HASTA EL 19 DE ABRIL)





PACK RECONECTA CON TU CUERPO. CONECTA CON EL MUNDO + RECONÉCTATE A TUS HIJOS  

AHORA POR TAN SÓLO 165€  (INVERSIÓN NORMAL 265€, AHORRAS 100€, sólo hasta el 19 de abril)





PACK 2X1
 
TRÁETE A UNA AMIGA Y LA INVERSIÓN SERÁ SÓLO DE 150€ 
(OFERTA VÁLIDA PARA CINCO INSCRIPCIONES, ¡DATE PRISA! 😉).



13 abr. 2017

La calidad de vida no te la quitan tus hijos sino la falta de apoyo del sistema


Este 2017 estoy haciendo realidad uno de mis sueños y es el de finalmente formarme en Asesoras Continuum®. Es una formación muy completa con varias ramas muy importantes que tiene como objetivo primordial, aunque no único, asesorar y acompañar la mejora del vínculo entre mamá y bebé. Aunque todas me gustan mucho, hace dos semanas empezamos mi favorita: El Acompañamiento, de la mano de Mamen Conte de Umuma. Después de una breve introducción en la que nos confesaba que este módulo nos removería mucho y que seguramente veríamos brotar algunas lágrimas, nos hizo una pregunta: “¿Qué es ser madre hoy día?” 
Después de leer nuestras respuestas, la mía fue “ser superwoman”, nos espetó: “Nadie nos lo ha dicho pero ser madre hoy día es muy duro” y ahí, justo ahí, sentí como unos dedos manoseaban mi corazón hasta escurrirlo delicadamente, lo mecían y empecé a llorar. Fue todo muy rápido, muy directo. No me lo esperaba. Era sólo la presentación del módulo y con una simple frase ya estaba llorando yo. Ni siquiera estaba premenstrual, donde suelo tener la lágrima más fácil, sino en uno de mis momentos más racionales del mes, en esos que "aguanto lo que me echen". Una de las tareas que nos propone Mamen es la de escribir un texto hablando sobre qué significa ser madre hoy día, y aquí va el mío.

"Ser madre hoy día no es duro, es durísimo. Una de mis frases de los últimos dos años es la de “Estamos todos muy desconectados de nuestra biología” y otra es que “ser madre me hizo descender del plano mental al corporal”, es decir, me hizo conectarme a mi fisiología. Tener un bebé te hace bajar el ritmo a la fuerza, adaptarte al suyo. O como le oí una vez a Laura Gutman en una entrevista: “A los bebés mientras que están dentro de nuestro vientre los llevamos nosotras, de aquí para allá, en cambio cuando nacen somos nosotras las que nos tenemos que adaptar a ellos.” 
Y ahí es cuando empieza el “problema”. Y esto lo voy a argumentar con otra frase de otra psicóloga, en este caso Rosa Jové, que dice que “Cuando un niño nace, a sus padres les regala la sociedad un cronómetro y un aro”. El aro para pasar por él, digamos para aceptar como bueno todo lo que se nos proponga, (imponga) a madre (y/o padre) y bebé. El cronómetro para hacerlo rapidito so pena que les empiecen a colgar epítetos negativos como adornos navideños al abeto en diciembre. Hay que correr, hay que producir, hay que ser “normal” y hay que ser uniformes. Porque si te sales de la norma, si te vistes “de paisano” ya estás destacando y eso no le va bien a este sistema, a veces simplemente no te va bien a ti misma.  
Algunas vivimos mal estar en el ojo del huracán por eso reverenciamos ante la consabida y paralizante indefensión aprendida.  
Es el camino fácil, al menos aparentemente. Nos educan para vivir tullidos, pero supuestamente somos todos libres. Por tanto si una mamá se permite hacer las cosas de forma distinta. Si una mamá descubre su instinto, descubre que quiere pasar más de los reglamentarios y tristes 4 meses que el estado español te permite “ser madre a tiempo completo”, pueden pasar dos cosas: Que lo haga, que se deje llevar por ese instinto de forma ilimitada para disfrutar de una maternidad placentera y sin prisas o que no lo haga. Que, a pesar de darse cuenta de lo que quiere, no pueda permitírselo económicamente, o tenga demasiado miedo para afrontar una decisiٕón valiente o “alocada” a ojos ajenos.

La mayoría de las mujeres antes de ser madres se aseguran el tener un puesto estable e indefinido. Es simple, práctico pero sobre todo muy lógico e incluso natural: Hay que garantizarse el pan a una misma y a la prole. A menudo se sienten criticadas o incluso son objeto de acoso laboral cuando se quedan embarazadas. La preocupación económica suele estar siempre presente. Aquí hablo de la realidad más cercana, la del sur. He vivido algunos años en el norte de Europa y sé que es bastante distinto, aunque aún no conozco ningún sistema, fuera de mi mente, que sea perfecto.

Sin embargo, no es hasta que nace tu hijo que empieza la verdadera aventura. 
La preocupación sigue presente, no es para menos, tienes en tus hombros la responsabilidad de la salud y el bienestar de una personita que no puede depender de sí misma. Sabes que sin ti no sobrevive. Y esto te hace estar alerta, constantemente. Si es tu primer hijo te sientes inexperta, además tienes a tu entorno que te lo recuerda con opiniones y consejos reiterados no pedidos. Pero el tiempo va pasando y tu hijo va creciendo, y con él tú.  Mi propia experiencia y la de observación a mis amigas madres es que el tiempo nos va empoderando y poco a poco aprendemos a responder con desenvoltura a los entrometidos. Pero a menudo nos sentimos muy solas. Faltas de tribu. Con la industrialización las mujeres nos alejamos, y seguimos haciéndolo, de nuestra familia y de nuestro instinto. No ayuda el tener que incorporarse al trabajo rápidamente, ni que exista la leche de fórmula, las guarderías o los carritos, aunque a simple vista sí lo hagan.

A menudo las mujeres nos enfrentamos a dos opciones vistas como maniqueas en los tiempos que corren. Una, la de querer estar con nuestros hijos el mayor tiempo posible y la segunda la de querer recuperar nuestra vida, nuestra independencia, indiviudalidad, rápido. Aunque no estoy muy de acuerdo con todo lo que dice Laura Gutman, he de confesar que leerla durante mi puerperio me ayudó a entender ciertas dinámicas y me gustaría citar el título de uno de sus libros el cual me parece bastante gráfico: Mujeres visibles, madres invisibles. Porque mientras que no somos madres estamos activas en nuestra sociedad, cuando nuestra realidad se transforma nos volvemos invisibles. Pero no sólo nosotras, sino también nuestros hijos.

Las madres tienen muchas presiones, las mujeres en general y las madres en particular. 
Me pagaron una carrera en la Universidad. Mis padres siempre me quisieron independiente, pero hace unos años mi madre pareció cambiar en algo y me hizo una confesión reiterada. Ella tiene dos hermanas y su madre, mi abuela, siempre les repetía que fueran independientes económicamente. Así, mi madre creció y empezó a trabajar cuando tenía quince años, porque había necesidad y porque eran otros tiempos. Pasados unos años nací yo y a los tres meses tuvo que volver al trabajo. Eran otros tiempos, ahora la baja de maternidad en España son muchos más...Días...Cuatro meses en total, todo un lujo (léase en tono sarcástico, claro está). Muchos años después se arrepentía de no haber pedido una excedencia o incluso haberse quedado en casa y disfrutar más de la infancia de mi hermano y mía. Durante mucho tiempo admitía haber tomado decisiones erróneas y afirmaba convencida que las mujeres nos habíamos cavado nuestra propia fosa con la “emancipación” porque ahora nos tocaba trabajar en casa y fuera de ella.

Tengo muchas amigas que desempeñan con esmero su profesión, se esfuerzan enormemente en sus trabajos fuera de casa y se dan prisa cada día por llegar a ella. Son madres dedicadas que se pasan la tarde entre el parque y el baño de sus hijos, entre preparar la cena y acompañarlos a dormir. Conozco muchas mujeres que emprenden desde casa y a menudo tienen que pensar en las tareas dentro de ella, en su trabajo y en el cuidado de sus hijos. Hay madres que frecuentemente no pueden acompañar a sus hijos a la cama porque sus horarios laborales no se lo permiten. 

Hay madres muy diferentes, con distintas circunstancias, pero en todas ellas hay un denominador común y por desgracia es la culpa. La diferencia de estas mujeres con las de hace dos o más generaciones es que ahora vivimos en la era de la información. Ahora hay cada vez más libros sobre psicología infantil y sobre crianza. En la red hay blogs de todo y muchas de nosotras vivimos un bombardeo de información que en muchas ocasiones sólo hace alimentar, acrecentar, esa culpa. Porque el ideal de madre, el listón que nos imponemos es cada vez más arduo.
Por eso creo que es tan importante que las mujeres trabajemos juntas. Por eso creo que es importante empoderar a todas las madres. Devolverles su fuerza interior. Su poder adormecido.
Otra pregunta que nos hace Mamen al final de la tarea es si nos gustaría centrarnos en trabajar con “un tipo de madre” sólo. No sé si respondo desde mi posición de poco experta aún en el campo y quizás en el futuro cambie de opinión, pero hoy por hoy admito que me gustaría tratar con “varios tipos de madre” porque pienso que me puede enriquecer mucho en el aspecto personal y en el profesional. Creo fervientemente que los círculos de mujeres, aunque sean muy distintas las unas a las otras, nos benefician a todas.

Lo peor de ser madre hoy no es la responsabilidad en sí, sino el escaso apoyo y acompañamiento de la sociedad. Se puso muy de moda hace unos meses hablar de calidad de vida y maternidad, por aquel entonces yo afirmé que lo que te resta calidad de vida no son los hijos sino la falta de apoyo del sistema. Sigo pensando igual.

Foto

(Todas esas madres en Pinterest haciendo spaguettis de arco iris y plastilina casera y yo aquí en plan "Hoy me he duchado y he mantenido vivos a los niños")

23 mar. 2017

¡Fuera!

"El ser humano es un animal social" decía, y fue de las mejores cosas que dijo, Aristóteles, un conocido misógino de la Grecia Antigua. Era hijo de la sociedad del momento (aquél, aunque en éste no habría desentonado tampoco mucho, por desgracia). Pero hoy no deseo hablar de feminismo o misoginia, sino de crianza. Aunque todo esté más mezclado de lo que a simple vista nos pueda parecer.

Ando revuelta, (¿cuándo no?), estos días que se habla de time out en mi entorno, de silla de pensar y algo dentro de mí reacciona como un animal en peligro. Aún estoy aprendiendo a decir las cosas desde otro lugar. El racional. Pero hay momentos que sólo estoy en la emoción. Y con los niños me pasa esto. Con la sociedad en general, pero particularmente con los más pequeños y desvalidos. Tengo la sensación, ¿Sólo me pasa a mí? de que la mayor carga de los juicios la llevamos sobre todo las mujeres y los niños. Y siento una gran necesidad de defenderlos, a ellos y a sus madres. Estoy haciendo grandes progresos. Porque me encontré también en la guerra de las madres. Alguien me tiró hacia dentro. Ese alguien fui yo misma. Yo misma y mis creencias, las que nos hacen bajar la cabeza a mí y a todas mis compañeras desde hace milenios, demasiados.

Anoche para rematar vi un capítulo de la que, aún a distancia de once años, sigue siendo mi serie favorita: Friends.  Rachel dio a luz en un hospital y fue rápidamente separada de su cría. Mi compañero me mira expectante y con un poco de sorna como diciendo: "Allá vamos otra vez" cada vez que vemos algo juntos en la tele y salen bebés o niños pequeños. Y prometo que intento morderme la lengua, prometo que intento que no se me salten las lágrimas. Intento desconectar yo también o conectar con la que fui antes de ser madre. Pero no lo consigo. No puedo con tanta robotización. No puedo con tanta anestesia. Es más pena que rabia lo que siento, aunque se manifieste más como rabia que como pena. En el capítulo, o los capítulos, porque luego vi el siguiente, se ve a todos los amigos delante de la vitrina del nido donde están todos los bebés, observando a la recién llegada. Están contentos y sonrientes (los adultos, claro). A nadie se le pasa por la cabeza que esos niños estén demasiado lejos del olor de sus respectivas mamás. El capítulo sucesivo también lleva lo suyo. Ahí se ve a una matrona trayéndole la bebé a la parturienta desde el nido para que ella le dé el pecho. Rachel se lamenta a la sanitaria de que su hija la vez anterior no se haya enganchado bien a su pezón y, bueno, apuesto que más de la mitad de las mujeres de la Europa actual saben que si las separan demasiado tiempo de sus crías al nacer existe el riesgo de que al principio haya más problemas para lactar. Pero hablamos de Estados Unidos. Las cosas están cambiando también allí, además han pasado once años desde que la serie acabó y en obstetricia se está avanzando mucho. Avanzar en obstetricia para mí quiere decir volver sobre nuestros propios pasos. Volver al parto mamífero incorporando los avances tecnológicos SÓLO PARA CUANDO SEAN VERDADERAMENTE NECESARIOS. Ésta es la utopía a la que llegaremos. Gracias a que hay muchas personas preocupándose por ello, ocupándose de ello.

El visionado de estos capítulos de mi serie favorita coincide también con el momento en el que empiezo a leer en serio, lápiz en mano (para subrayar), al doctor francés afincado en Londres Michel Odent. Me quedo con frases como "Me he dado cuenta de que los seres humanos somos mamíferos. Todos los mamíferos se esconden o se aíslan para dar a luz. Necesitan intimidad. A los humanos les sucede lo mismo. Hay que tener constantemente presente esta necesidad de intimidad." Y veo la feria que hay en el hospital de la serie. Personas que entran constantemente. Bebés en el nido. Luces potentes. Se sabe que las luces inhiben la oxitocina, conocida popularmente como la hormona del amor y activan la adrenalina, la hormona del miedo. Globos de colores. Y lo peor de todo, una mamá y su bebé lejos la una de la otra.

Esta lejanía, esta separación, se arrastra en los siguientes años del bebé, del niño, del adolescente, del adulto en casi todo ser humano. Es el clásico "Divide et impera" (Divide y vencerás en cristiano) del César. El caldo de cultivo de la sociedad patriarcal. A alguien (el sistema) le conviene que estemos divididos. Y me despierto esta mañana pensando en lo que dijo el sociólogo canadiense Malcolm Gladwell sobre lo perdido y desvalido que nos sentiríamos si viviéramos hace un millón de años en una cueva y alguien nos echara de ella.

Lo peor que le puede pasar a un ser humano (al cavernícola y a ti, nuestra fisiología no ha cambiado nada) es la exclusión. Y ¿por qué? Sencillo. Porque somos mamíferos altriciales y gregarios lo cual nos corrobora tres veces que necesitamos mantenernos unidos y que te digan: "¡Fuera!" aunque sea con palabras bonitas, si es que las hay, es lo más traumático que le puede pasar a cualquiera de nosotros. Cuando a un bebé se lo deja llorando en una cuna siente un desconsuelo tremendo. Cuando a un niño se lo excluye del grupo y se lo deja pensando solo, se siente mal y esto le deja huella en su historia personal.

Si un día de fin de semana estándar (creyendo, o deseando, siempre que los papás y las mamás no deban trabajar ni los sábados ni los domingos) lo pasamos unos con otros, buscándonos, tocándonos, abrazándandonos, besándonos, etc. ¿Qué nos hace pensar que por las noches nuestros hijos no deseen ese contacto físico mientras que son pequeños? Si precisamente la noche es la oscura, la que alberga más peligro. Si incluso los adultos tenemos miedos con nuestra capa de racionalidad, como no van a tener miedo los niños si aún sus cerebros no tienen neocórtex o se les está formando en estos momentos.

Y cómo no van a pasar miedo dejándolos fuera del grupo por "haberse portado mal" aunque sólo sean "unos minutos". ¿Si los niños pequeños no tienen noción del tiempo cómo van a saber qué son dos minutos si algunos ni siquiera saben diferenciar un día de un segundo? ¿No será mejor explicarles por qué uno no se puede comportar de una cierta manera? Aunque toque hacerlo mil veces. Por lo demás, a los adultos también nos explican cosas y a menudo por más que lo hagan no nos quedan claras y volvemos a caer infinitas veces sobre las mismas piedras.

Luego nos venden que los niños tienen que socializar, que un niño está estupendamente en la guardería sin su madre. Venga ya hombre por favor. ¡A ver si vamos abriendo los ojos!





14 mar. 2017

Esconder la sangre

Domingo. Hay domingos intensos en los que las emociones y la sangre se mezclan. Y a veces se juntan varios acontecimientos que nos invitan a la reflexión. En este caso (el del domingo pasado) fueron tres:



1) La llegada de mi ciclo. Entrada triunfal en mi fase menstrual en un día de estar en familia y que encima el sol fuera te dice: ¿De verdad vas a "castigar" a los demás estando en casa hoy cuando yo no puedo brillar más fuerte?

2) Un balonazo en la cara de un chico que estaba jugando al fútbol en el sitio donde estábamos comiendo.

3) Breve conversación con la hija de mi compañero sobre la visibilidad de mi menstruación en....LA DUCHA.

Pero hoy no quiero que leáis sino que me miréis 😉

Os dejo el vídeo que he colgado en mi canal de youtube sobre el pasado domingo y sobre la visibilidad de la sangre y de las emociones. Y me gustaría leer vuestras reflexiones al respecto. ¿Me las dejáis en los comentarios? 😊😘


¡GRACIAS!